El día 3 de Noviembre celebraron sus Bodas de Oro
Milagros López
María Teresa Lizaldre
Faustina Jáuregui
Asunción Osinaga
Carmen Bustince
Tomasa Martínez
Isabel Martínez.
Cincuenta años de vida religiosa da mucho para recordar, agradecer al Señor un sin fin de beneficios recibidos y pedirle nos ayude a mantener las lámparas encendidas hasta que llegue el esposo a buscarnos.
Recuerdo las primeras experiencias de Vida Religiosa llenas de ilusión, entusiasmo y alegría, y esto es lo que me ha motivado comunicárselo a Ustedes con la seguridad de que estos recuerdos llegarán a otras promociones que vivieron momentos semejantes.
3 de noviembre de 1.958
El noviciado de Burlada recibía con gran expectación a trece jóvenes de quince a veintiséis años de edad que ingresaban en la congregación con grandes deseos de responder a un llamado y trabajar por la extensión del Reino de Cristo viviendo el carisma de la congregación de Esclavas de Cristo Rey. Pero esta promoción tenía la gran particularidad de acoger la primera vocación venezolana la cual abría caminos para nuevas vocaciones latinoamericanas.
Un mes más tarde ingresaba una nueva promoción con cinco jóvenes, y un poco más tarde, otra con tres. Es decir que nuestro postulantado estuvo integrado por veintiuna postulantes repartidas en tres promociones. Para todas éstas pues, van dedicados mis recuerdos.
Me viene a la memoria nuestra capilla de postulantes donde nos iniciaron en la oración personal y comunitaria. Aquel comedor donde aprendimos a dejar la timidez haciendo actos comunitarios como las lecturas; a pedir perdón por nuestros errores. Los recreos donde además de expansión y alegría aprendimos a compartir experiencias y conocer nuestro pasado y vida familiar.
Fue en este tiempo cuando se llevó a cabo en el recreo el espectáculo más popular que ha sido comentado en todos los tiempos “La corrida de toros”. Todo sucedió así: novicias y postulantes teníamos todos los permisos para representar una corrida de toros. Llegó el día y la hora señalada y unas cien hermanas entre postulantes, novicias, junioras y profesas se agrupaban en el patio del noviciado con sus respectivas sillas para disfrutar del espectáculo.
Dio comienzo con el orden preciso: presencia de las manolas, las charangas con instrumentos musicales (tapas de las ollas). El paseillo con el caballo de Veremundo (hortelano de la casa) y hasta el torero, que era yo, tuve tiempo de dar algunos pases al toro. Todo era alegría, palmadas y hasta se escuchó algún ¡olé! entre las espectadoras. Pero en aquel momento acertó a pasear por la terraza la M. Superiora con su secretaria y al ver aquel espectáculo tan profano dio una señal de retiro y en menos de segundos aquel patio quedó desértico…
3 de Mayo de 1.960
Trece postulantes tomaban el hábito y otro grupo semejante hacían los votos temporales. Recuerdo a las trece en el altar para recibir la bendición de hábitos. Un momento de retiro y regresábamos de nuevo a la capilla con nuestro hábito plisado hasta los pies, la esclavina y el velo con visera pronunciada. Ya éramos religiosas…
Sin duda alguna que estábamos dando un paso adelante en nuestra vocación con un SI incondicional y decidido. El día fue inolvidable pues pasar un día con la familia no era muy corriente el aquel tiempo.
Días más tarde fuimos sorprendidas con baúles, maletas y bolsos en el vestíbulo, pronto nos informaron que varias de las hermanas que habían hecho los votos temporales partían con mucho entusiasmo y alegría con destino a América (por aquellos años no se nombraba Venezuela, Colombia o Panamá, todo era América).
Ante aquel grupo de junioras que partían a tierras lejanas felices y contentas a donar sus vidas con la certeza que ya no volverían más a su patria ni a ver a su familia, mi pensamiento era único. ¿Seré yo capaz de tener la misma generosidad, de aceptar con la misma alegría un destino semejante?: Y comenzamos el noviciado. Tiempo de formación, de crecer en la fe, de descubrir aptitudes para desarrollarlas, de conocimiento de nuestro carisma, de aprender el funcionamiento de las casas de ejercicios para esto último teníamos que ocupar puestos de trabajo en la cocina, sacristía, ropería, propaganda etc. 5
Se mantenía una hora diaria de formación donde la M. Maestra nos iba introduciendo en las Reglas y Constituciones, las cuales debíamos escribir con nuestro puño y letra en una libreta, la cual sería el mejor texto de meditación.
Recuerdo muchas actividades que nos hacían felices, las fiestas de Navidad que además de vivir la liturgia del tiempo nos veíamos involucradas como actrices de teatro. Dichas “veladas” se preparaban con mucho esmero para que las disfrutaran las hermanas como un merecido descanso y entretenimiento.
También recuerdo la llegada de los Reyes Magos cuyos regalos coincidían todos los años: cuadernos, lápices, libros de lectura y alguna golosina. Las velas nocturnas de los primeros viernes de mes que a pesar de interrumpir el sueño en una hora intempestiva era para nosotras el mejor momento de comunicación con el Señor en reparación por los pecados del mundo. Y es que éramos muy fervorosas…
Aquellas auroras preparadas y ensayadas con cariño para despertar a las Hermanas en forma agradable y recordarles la fiesta de aquel día.
Me viene a la memoria dos hechos sencillos y naturales que se realizaban con tal precisión que casi rayaba en una ceremonia religiosa: La entrada a la capilla a los actos comunitarios y servir en el comedor de ejercitantes.
Para lo primero nos concentrábamos en los largos pasillos adyacentes a la capilla para colocarnos las mangas anchas, el velo blanco hasta los pies y acoplamiento de parejas por tamaño. Una vez cumplidos estos requisitos entrábamos en la capilla en dos hileras por el centro con la mirada baja “como a religiosas convenía” y en estricto orden jerárquico: postulantes, novicias, junioras. Las profesas ocupaban los bancos de atrás. Verdaderamente era toda una ceremonia.
Para servir en el comedor de ejercitantes nos colocábamos los manguitos y delantales blancos, nos acoplábamos por tamaño y nos presentábamos en el comedor, como las mesas estaban ubicadas en forma de herradura las sirvientas se distribuían de forma ensayada y original. Otra ceremonia…
3 de mayo de 1.962
Con una preparación especial y en una ceremonia muy sentida proclamamos nuestro compromiso de entrega a Cristo, a la Iglesia y a nuestra Congregación Nuestro “SI” fue firme, decidido y convencional delante de los Ministros del altar, Madres y Hermanas del instituto y una gran concurrencia de familiares y amigos.
Estábamos decididas a comenzar nuestra vida apostólica donde la obediencia lo dispusiera y no tardó mucho en hacérnoslo saber pues ese mismo día la 6
Madre General nos reunió para darnos los destinos aprovechando que estaban nuestras familias para informar. Cinco de la promoción partirían para América y entre ellas estaba yo. Solo puedo decir que en aquel momento me sentí privilegiada.
Sobra decir, que el resto el día fue un día muy feliz por el compromiso adquirido y por compartirlo con la familia pues en aquel tiempo las visitas familiares eran distanciadas.
A partir de este día comenzó la dispersión del grupo a las comunidades y puestos de trabajo.
3 de noviembre del 2009.
Han pasado 50 años y esta fecha debe ser para nosotras en primer lugar, un Acción de Gracias al Padre por tantos beneficios recibidos. Gracias porque nos llamó y nos sigue llamando día a día a trabajar por el Reino de Cristo.
Gracias por la Congregación que nos ha regalado en cada momento todo lo necesario para llenar nuestras vidas: formación, puestos de trabajo, grupo de hermanas (comunidades) etc.
Gracias por tantas personas que han entrado en nuestras vidas tanto colaborando en nuestro trabajo apostólico como de aquellas que se han beneficiado de nuestras casas de Ejercicios o colegios.
Pero hoy también es día de pedir al Señor.
Pidamos en primer lugar por nuestras Superiores mayores para que en este momento histórico que nos toca vivir, donde hay muchas dificultades para ser cristiano, reciban las luces necesarias y descubran proyectos de vida para bien de Iglesia.
Para que reavivemos nuestra vocación y volvamos a nuestras raíces de vida de oración, entrega, entusiasmo y alegría.
Para permanecer fieles al carisma de la Congregación y para que seamos el mejor ejemplo en este mundo tan materialista de los valores del Reino.
Termino recordando a nuestra Hermanas Consuelo Ríos, Lucía Goñi y Carmen Marín que nos precedieron a la casa del Padre y que desde allí nos acompañaran en estas BODAS DE ORO.
María Teresa Lizaldre
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