Este curso de verano, ha sido un momento precioso para palpar la gracia de Dios derramándose en los corazones de estas 10 chicas y en los nuestros también.
Vinieron chicas desde los 14 años hasta los 21, algunas de ellas con muy poco conocimiento de Dios y mucho menos de la vida religiosa, y otras que ya habían hecho ejercicios este año con nosotras.
La verdad es que el Señor no deja de sorprendernos. Somos conscientes de que es Él el que lleva a cabo su Obra, y quiere contar con nosotras, con nuestra debilidad y pobreza para darle a conocer.
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Para ellas, han sido días para rezar, para aprender que sus vidas deben estar cimentadas sobre la Roca, que es Cristo, y sobre la vida de la Iglesia, días para conocer un poco más nuestra vida, para divertirse sin necesidad de televisión ni ordenador, para descubrir los dones y talentos que el Señor ha puesto en ellas y que deben desarrollar (manualidades), y también para tener la certeza de que Dios las ama y las cuida.
Destacamos algunos momentos que nos hicieron vibrar:
- Las Eucaristías: los sacerdotes les ayudaron a sentir el sacramento cerca, y disfrutamos mucho.
- Las confesiones: fue un momento de inmensa alegría ver que deseaban recibir el perdón, sobre todo algunas que llevaban sin confesarse desde la 1ª Comunión. Por supuesto lo celebramos.
- El Rosario: para ellas fue un descubrimiento, les encantó, y casi se peleaban por rezar los Misterios.
- La oración, escucharlas rezar la liturgia de la Iglesia, los momentos de compartir, escuchar sus inquietudes de forma más personal… eran lugares de encuentro con Dios, ver Su obra en sus vidas y en su corazón.
A nosotras también nos ha ayudado mucho. En primer lugar a confiar en el Señor, a ver que somos frágiles instrumentos en manos del Hacedor, y que sólo unidas a Él daremos fruto. A encender nuestro corazón en el mismo deseo de D. Pedro Legaria de que todos Le conozcan y Le amen y también a una mayor unión entre nosotras.
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