Del 3 al 13 de Julio nos embarcamos dos hermanas (Cristina y Susana) con un grupo de chicas a hacer una misión en varios pueblos de Ávila. Nos habían ofrecido la posibilidad de hacer algo de apostolado con la gente de dos pueblos de la provincia: Pedro Bernardo y Lanzahita. Para el alojamiento, nos dejaron la casa parroquial del pueblo de Gavilanes y desde allí es de donde por las tardes salíamos a la misión.
Las mañanas las dedicábamos a la oración y la formación, lo habíamos planteado como un tiempo de convivencia y crecimiento en la fe, abordando temas como el discernimiento, el examen, la vida como vocación etc. Por las tardes salíamos a compartir nuestra fe, a dar algo de lo mucho que hemos recibido. Nos vamos dando cuenta cada día del gran regalo de la fe y de la necesidad de cuidar la relación con el Señor. ¿Qué sentido tiene nuestra vida si no somos capaces de despertar el deseo de Dios en los demás?
La mayoría de las jóvenes eran de Madrid, del grupo Betania, un grupo de oración que hemos formado para ayudar a las jóvenes a crecer en la experiencia y la relación con el Señor, ha sido bonito también compartir estos días con dos chicas que venían de Badajoz. La convivencia entre nosotras y también el poder compartir la fe con otras personas ha sido una bendición para todas.
Entre las actividades que hicimos con la gente nos ayudó especialmente la visita a una residencia de ancianos, los juegos con los niños del pueblo y los ratos de Lectio Divina que hicimos con las catequistas. El sacerdote de estos pueblos, Luis Carlos, nos ayudó mucho y en todo momento nos dio un gran testimonio de entrega y generosidad. Sería muy bueno que en el verano siguiéramos organizando este tipo de actividades en colaboración con todas las comunidades. Tenemos una vocación preciosa y mucho por hacer.
Debemos animarnos a trabajar y a acompañar a los jóvenes para que les ayudemos a descubrir que Cristo es la Belleza, la Bondad y la Verdad y el Camino de la felicidad plena.
Que todo sirva siempre para conocer y amar cada vez más al Señor.
Susana López
Esclava de Cristo Rey
Casa de Ejercicios - Madrid
Resumir la experiencia de estos diez días vividos en los pueblos de Gavilanes, Lanzahita y Pedro Bernardo organizado por las Esclavas de Cristo Rey, es una tarea complicada debido a todos los momentos vividos y la riqueza que nos ha proporcionado la convivencia entre todas y el trato con las gentes del lugar.
Las mañanas las dedicamos a la oración y a la formación, ya que no se puede dar lo que antes no se ha recibido, y por las tardes nos poníamos en camino para comenzar la misión, aunque todavía no me ha quedado muy claro quién estaba evangelizando a quién. El primer contacto que tuvimos en Lanzahita fue en la Eucaristía y después la Lectio Divina con algunas catequistas y mujeres del pueblo. Creo que fue muy bonito el testimonio que dieron de entrega a Cristo en las condiciones del pueblo sin apenas jóvenes, del mismo modo que lo dieron las catequistas de Pedro Bernardo. La visita a la residencia de ancianos también nos enseñó a ver que es muy fácil hacer feliz a una persona simplemente acompañándola, con una sonrisa o prestando la atención que necesitan. Es muy importante que recordemos que esa labor que parece que cuesta menos fuera de casa, la hagamos también dentro porque seguimos siendo necesarios en el día a día de casa.
Tuvimos la oportunidad de visitar el santuario de San Pedro de Alcántara, en Arenas de San Pedro y seguir el recorrido de Santa Teresa por Ávila, celebrando Eucaristía en su primera fundación al comenzar la reforma del Carmelo (Monasterio de San José). Nos ayudó a tener presente que es posible tener a Dios en el centro de nuestras vidas deseando por encima de todo cumplir la voluntad de Dios, que la santidad la podemos encontrar en la medida en la que respondamos a la llamada de Dios, y que lo extraordinario de los santos está en el abandono completo en Sus manos, pues fueron personas de carne y hueso como nosotros.
La convivencia entre las que estuvimos, ocho la mayoría del tiempo y diez que llegamos a ser, fue para mi la prueba de que hiciéramos lo que hiciésemos: rezar, charlar, comer, cantar, caminar, cocinar, estar en silencio,... estábamos siempre en la presencia del Señor; ser consciente en todo momento de la presencia de Dios con nosotras a lo largo de todo el día. La prueba de que es posible vivir dejando verdaderamente que Dios sea el centro de lo que hacemos y que sea precisamente ese pasar a segundo plano de nuestro ser el que nos haga estar felices en todo momento. "Sólo Dios basta".
El testimonio de Luis Carlos, sacerdote en Pedro Bernaro y Lanzahita, también de entrega y cuidado de sus feligreses hasta el más mínimo detalle me hizo ser consciente de que en verdad Dios no se olvida de ninguno de sus hijos, y que está presente en esos lugares perdidos entre montañas que no conocemos o que pensamos que carecen de importancia porque son pequeños.
Roguemos para que siempre haya sacerdotes y personas que por Cristo se entreguen en aquellos lugares a los que son enviados, para que el mensaje del Evangelio se conozca en cada rincón del mundo. Muchas gracias a todas.
Almudena Ríos
Parroquia de Tres Cantos (Madrid)
Creciendo en Gavilanes
El 3 de agosto llegaron 14 manos abiertas a un pueblecito llamado Gavilanes, allí convivimos un grupo de chicas con dos Esclavas de Cristo Rey: Susana y Cristina. Durante 10 días compartimos hábitat y corazón.
Creo que, cada una desde su propia historia, situación y persona ha descubierto algo nuevo en esta experiencia.
Yo remarcaría varias cosas: los ratos de oración guiados en los que se exprimía cada sílaba de los textos bíblicos y se nos aplicaba con una pedagogía aplastante; los temas de formación que hemos tratado cada mañana como: la vocación, el lenguaje de Dios o el examen general para leer lo que sucede cada día dentro de nosotras; los ratos compartidos con las personas mayores en las residencias, los juegos con los niños, los ratos de oración con los catequistas etc.
Todo nos ha servido para profundizar en nuestro camino de fe, cultivar nuestra relación con Dios, detenernos a observar el valor de una sonrisa, un gesto, escucha, la importancia de salir de nosotras mismas, tenemos mucho que ofrecer, pero yo creo que he recibido más, por la acogida de los habitantes, el cariño de todas, el testimonio de muchas personas que nos hemos ido encontrando.
Todas las pequeñas cosas: las risas, las bromas, las recetas de cocina, los despertares con guitarras desafinadas, nuestro poco repetitivo repertorio de canciones, las noches en el patio bajo las estrellas...han construido un tiempo inolvidable y enriquecedor en la vida de cada una de nosotras.
Siento un profundo agradecimiento por todo lo vivido y aprendido, y por haber comprobado una vez más que las experiencias en cuyo centro está Cristo transforman nuestro ser y nos hacen capaces de superar nuestros límites y ataduras. Gracias por vuestro tiempo y vuestro amor a todas.
Susana Mallo
Parroquia de Tres Cantos
(Madrid)
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