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La llamada
La llamada


grcristo3 Una llamada especial."No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os ha elegido"(Jn 15,16)

"La llamada al estado de elección personal es una llamada cualificada, especial, diferenciada, a la que no se contrapone una llamada igualmente cualificada en el mismo modo al estado en el mundo; más bien, ésta se caracteriza frente al estado de elección por un no ser llamado en este sentido cualificado".

A dejarlo todo.

"La llamada cualificada (a la vida consagrada) es una llamada a salir no sólo del mundo que se encuentra fuera de la Iglesia, sino del que está dentro de la Iglesia. El dejarlo todo, toda seguridad, un dejar que todo lo abarca. Los llamados lo han percibido como un acto único a pesar de que tienen que repetirlo diariamente, traducir diariamente "lo único" en pequeñas renuncias. Ante ellos nada más que el seguimiento de Aquel que se define como el Camino. Este estado resulta para el mundo un estar inconcebible e inmenso más allá de las leyes y órdenes terrenos de los que ellos, sin embargo, no están eximidos ni apartados. Este lugar imposible para el mundo es perceptible sólo en la fe, que sigue ciegamente; El es el lugar de la fe y del seguimiento; pero el donde de Jesús, es sobre todo en la cruz, justo ese afuera. Es el lugar que es creado mediante su envío. El donde del Redentor es el envío del Padre y el donde de los llamados es el envío del Hijo. El poder estar en el lugar del envío está condicionado por el radicalismo de dejarlo todo.

Junto a esta primera orden de dejarlo todo, resuena la segunda: en el desligarse de todo, poseer una confianza ciega, una ingenua despreocupación. Todo está en la recta secuencia de los actos: no buscar primero una seguridad terrenal para desligarse y entregarse sólo después, sino en el dejar marchar toda preocupación y seguridad, todo miramiento a lo posible e imposible, en la pura dependencia del sígueme, en el perder todo punto de apoyo bajo los pies, en el lugar en el que en adelante sólo se podrá vivir en virtud de la fe. La fe tiene que ir acompañada de una confianza ciega pero el Señor es deudor de una respuesta a la generosidad de esa entrega."

"La acción exigida a los llamados es la renuncia real y efectiva a lo propio, a fin de estar libre para entregarse a Dios. La invitación a esta acción es una gracia libre de elección y llamada de Dios, que el hombre no puede darse a sí mismo, porque es la gracia concreta y la colaboración de un envío especial."
"El estado de elección de tal modo está ordenado al servicio a la comunidad que debe considerarse instrumento para el estado en el mundo, porque la gracia mayor es dada para la exigencia mayor de entregarse y consumirse en servicio a los hermanos."

TESTIMONIO. P. LLORENTE SJ, Misionero en Alaska durante 40 años.
"Cada vez que veo estudiantes rebosando salud; chicos guapísimos y esbeltos que parecen cincelados por el buril del mismísimo Fidias, al pensar luego que o no son católicos o si lo son, no aspiran más que a terminar una carrera que les facilite trabajar a la sombra, cobrar un sueldo ramplón, criar media docena de hijos y llegar luego a viejos sentados en la butaca de algún casino con compadres tan canos y calvos como ellos, se me subleva la sangre y me viene tentación de agarrarlos por la solapas y decirles con acento lastimero:
-    Pero, hombre, ¿no ves que están perdiendo la ocasión de poderte cubrir de gloria marchando a las misiones donde con tus fatigas, con tus dolores, con tus esfuerzos, con sufrimientos de todo género llevados alegremente por amor de Dios puedes convertir un sinnúmero de almas que glorifiquen eternamente contigo a Jesucristo?
Nos sobran ya abogados, ingenieros, médicos y veterinarios. Lo que nos hace falta con toda urgencia son chicos como tú, que vayan hoy mismo a los noviciados y marchen luego a conquistar el mundo para Cristo. Si me dices que Dios no te llama, vete a la iglesia, arrodíllate ante el sagrario, dí a la santísima Virgen que presente ella tu petición a su divino Hijo. Diles que tú quieres venirte aquí de voluntario. Veremos luego si te llama Dios o no te llama.
Dios llama a muchos; pero son pocos los que se dan por aludidos. Se excusan con que si la novia, si la madre viuda, si la salud, si me comerán vivo los indios, si el suelo patrio,  y en estas excusas se les pasa la juventud. Entre tanto Jesucristo sigue dando toquecitos a otros corazones jóvenes. "Mañana te abriremos -le responden- para lo mismo responder mañana".
Total que lo único de que dispone Dios para convertir al Japón son esos grupitos de almas temblorosas que van a ser la simiente de la gran cosecha venidera. Quitémonos el sombrero e inclinémonos ante esas monjas españolas, hermanas nuestras, que marchan a conquistar para Dios todo el imperio del sol naciente."

 

LA ESENCIA DE LA LLAMADA.


La llamada es la esencia del estado y de la vida del cristiano. El dónde del cristiano es el estar en la voluntad del Padre, revelada en cada caso en el llamamiento mediante la palabra de la verdad del Hijo. Estar en la voluntad del Padre significa vida: "sé que este encargo suyo significa vida eterna" (Jn 12, 50). Este encargo que se dirige en cada caso al individuo y se hace audible para él es la norma última de su ser y de su deber ser.
San Ignacio con el llamamiento del Rey temporal, muestra que no hay un progreso cristiano hacia la perfección fuera de esta llamada. Puesto que la palabra concreta del Padre se escucha de nuevo en cada nueva situación, la gracia que hay que pedir en todo instante es "no ser sordo a su llamamiento, más presto y diligente para cumplir su santísima voluntad" (EE 91). Debemos también distinguir un triple escalonamiento en la llamada (analogía de la llamada): la llamada al estado en la Iglesia como cristiano, la llamada a una vida o estado dentro de la Iglesia (EE 135) y la llamada a la vida cristiana concreta, al estar aquí o allí dentro de ese estado (EE 172 y ss).

LA LLAMADA DIVINA.


La revelación cristiana no es en primer lugar una revelación de la visión, sino de la escucha. En la revelación predomina el sentido del oído ya que la Segunda Persona resuena como palabra y la fe en él proviene del oído (Rom 10,17). La escucha de la palabra no es sólo un sustituto pasajero de la visión que nos falta aún aquí, sino más bien la expresión permanente de que Dios no será jamás puro objeto del conocimiento, sino la infinitamente soberana majestad de la Trinidad personal que se da a conocer cómo y a quién le place. El que Dios nos hable a nosotros en su Palabra personal es más que el hecho de que podamos verle, significa que Dios nos considera dignos de su Palabra, que nos eleva a la condición de interlocutores de un diálogo divino, trinitario, y por eso es la gracia de las gracias. Que la palabra de Dios venga a nosotros es la iniciación y honra supremas que el Dios personal podría otorgarnos, porque presupone que nos tiene por capaces para entender su Palabra en virtud de su gracia, para poseer su Espíritu. Tan imponente es este evento que la criatura interpelada por Dios tendría que olvidar todos los deseos y anhelos propios, también los de felicidad y visión de Dios, para temblando en el fondo de su ser caer a tierra al oír su voz y preguntar tan sólo: ¿Qué debo hacer, Señor? (Hch 9,4; 22,10).
Pero el arrojado al suelo por la violencia de la voz penetrante será puesto en pie por ésta. Dios, cuando habla, quiere un interlocutor. Quiere un erguido que es capaz de estar en su voz y responder (Ez 1,28-2,2).Cuando Dios habla personalmente quiere que se le entienda y que su criatura le devuelva la palabra de forma personal, no como un eco muerte, sino en un intercambio que es un diálogo auténtico, posible porque esa palabra es el Hijo que procede del Padre, le revela, y que puede ser devuelta expresándose la persona llamada en ella, o dejándose interpelar por ella.
La creación es la primera eklessia -Iglesia-, en la que se sale de la nada al ser por el llamamiento de la Palabra; por el nombramiento cada ser se convierte en lo que es. En la donación personal de Dios a su criatura personal, al hombre, procede por segunda vez la Palabra y se convierte en un nuevo acto de amor sin fondo, porque Dios elige a su criatura para que participe de sus divinos bienes personales. La Palabra divina  entra en gracia sobrenatural en la criatura misma: este intercambio sagrado, esta interpelación es elección libre, gracia de la amistad y envío profético.
Es elección libre porque la naturaleza es material indiferente para la llamada; de la aptitud e inclinación natural no podemos conocer la voluntad personal amorosa de Dios y su envío. Sobre el destino de la persona sólo decide la santa llamada que Dios en su insondable libertad hace que llegue, y una vez percibida, la naturaleza entera del llamado tiene que servir. Pude suceder que muchas personas se espanten ante el envío, porque reconocen la total inadecuación de sus fuerzas para la nueva tarea, pero ¿quién tendría una aptitud natural para la cruz?
Moisés es llamado desde la zarza ardiente y responde: "Heme aquí". Con esta respuesta se autoobliga, entra en el círculo sagrado del envío. "Y ahora anda, que te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los israelitas". Viene la pregunta llena de asombro: "¿Quién soy yo?". Y el Señor responde: "Yo estoy contigo", y corrobora esto mediante la promesa de una señal y con la revelación de su nombre divino. Puesto que Moisés exige más garantías, recibe otras tres señales: el bastón serpiente, la mano leprosa, y el agua convertida en sangre. Pero convencido de su incapacidad sigue resistiéndose al envío: "Yo no tengo facilidad de palabra, soy torpe..." El Señor replica: "¿Quién da la boca al hombre? ¿Quién le hace mudo o sordo o tuerto o ciego? ¿No soy yo el Señor? Por tanto, ve; yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que tienes que decir". Pero Moisés respondió. "No Señor, envía; envía al que tengas que enviar". Ante tanta testarudez, "el Señor se irritó con Moisés" y constituyó a Aarón en portavoz de Moisés ante el pueblo (Ex 3-4). De este modo Moisés, mediante la reflexión sobre su poder y no poder, perdió una parte de su envió, que pasó a su hermano, como le sucederá más tarde que al reflexionar sobre los límites de la compasión de Dios, verá recortado su envío y no se le permitirá introducir al pueblo en la Tierra Prometida.  (p.298)
Esta misma incongruencia entre naturaleza y envío se repite en los llamamientos de los profetas, por lo que se ve que los llamamientos y las elecciones de Dios bajan del cielo. En los llamamientos Dios tiene sumo interés en que quede bien patente no sólo la indignidad general, sino la inadecuación natural de los llamados. El elige a quien quiere; y el elegido, si acepta el envío, es como una nueva creación del Señor partiendo de la nada.
Cuanto más distinguido es un llamado por la vocación de Dios, tanto más necesaria es su aceptación del llamamiento. Dios necesita que al sí de su elección siga el sí del hombre que elige la elección de Dios. Pues se trata de la entrega de la Palabra personal de Dios mismo al hombre y solo es posible recibirla en la responsabilidad plena.

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