Nuestra Vida Comunitaria: Caridad y Fraternidad
"Unas de la cosas en la que ha de sobresalir la Congregación ha de
ser el tener un espíritu de Caridad muy grande. Ha de haber tal unión y cariño
que estén siempre deseando servirse unas a otras"
Pedro del Sagrado Corazón
NUESTRA CONSAGRACIÓN LA VIVIMOS EN COMUNIDAD JUNTOS A OTRAS HERMANAS.
Vocación a la Comunión
Dios nos ha creado para la comunión con
Él y con los hermanos. Esta es nuestra vocación: un "misterio" que nace
del Corazón de la Trinidad que nos hace fraternas y hermanas, testigos
y artífices de su Amor de comunión para dar vida al mundo.
Así, anticipamos con nuestra vida su proyecto de unidad y
fraternidad: la "nueva humanidad" que nace del cuerpo de Jesús
Resucitado.
En la Escuela del Amor
Comunidad no es simplemente un "estar juntas", sino vivir y desplegar
el don de la vocación, ayudando a cada hermana a "sacar lo mejor" de sí
misma. Aquí no sólo se disfruta del propio don, sino que se multiplica
al ponerlo en común, y se goza del fruto de los dones de las
hermanas como si fueran propios. (cf. "La vida fraterna en comunidad")
Vivir en comunidad es sentir a la hermana como "una que me pertenece",
intuir sus deseos, atender sus necesidades, ofrecer una verdadera
amistad, para poder ver lo positivo que hay en la otra… ¡y acogerlo y
valorarlo como un regalo de Dios!
Por eso la comunidad es la "escuela del amor", porque aquí aprendemos a
amar como Cristo y con sus sentimientos: recibiendo el perdón y
perdonando, acogiendo la misericordia y mirando con misericordia las
debilidades de las hermanas, entregando "gratis" lo que gratis hemos
recibido… ¡La comunidad nos hace como Cristo! (cf. "Caminar desde Cristo").
Para que el mundo crea
De la Gracia de la comunión nace la misión, el deseo ardiente de hacer
fructificar entre todas el Don recibido de Dios. La misión une nuestras
comunidades con la alegría y la esperanza de dar a conocer el Amor del
Padre.
Jesús nos convoca y nos envía a
trabajar juntas "con un solo corazón y una sola alma", para que nuestra
unión y fraterna caridad sea "un signo para el mundo y una fuerza
atractiva que conduce a creer en Cristo" (VC 46).
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