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La Formación parte siempre de la relación con el Señor Jesús, de estar ante Él, de sentirse tocada por su mirada, por esos ojos que "miran" al joven con amor (Mc 10,21). Ahí, en esa mirada, aprendemos a captar la profundidad de un amor eterno e infinito que llega a las raíces del ser y envuelve la vida.
Seducidas por Jesús, nos hemos sentido transformadas por su Palabra y conquistadas por su amor. Y no hemos podido hacer otra cosa que dejarnos amar, liberándonos de todo aquello que podía llevarnos a otra parte, despojándonos de cualquier otro amor más pequeño: "en el mundo sólo hay una persona positivamente bella: Cristo. La aparición de esta persona, ilimitada e infinitamente bella es ya un milagro infinito".
Todo lo demás no resiste ante su belleza. He aquí la opción fundamental. La "forma" de la vida consagrada es el amor con que nos ama Jesús, "nuestro Señor". Y está toda entera en aquellos ojos que nos siguen mirando, en aquella belleza que nos sigue fascinando…
(Amadeo Cencini, Los Sentimientos del Hijo)
Os presentamos brevemente, las distintas etapas de nuestro camino de formación: una formación que iniciamos al ingresar en la Congregación y que continuamos toda nuestra vida.
Postulantado
El postulantado es un tiempo de formación que puede durar entre 6 meses y dos años. Con él iniciamos nuestra "vida de consagración": porque hemos encontrado el "tesoro escondido" nos disponemos a buscar y encontrar los caminos que nos llevan hasta Él. (Plan General de Formación)
Después de sentir y experimentar la llamada de Jesús a vivir "con Él y como Él", en el tiempo de postulantado deseamos discernir y ahondar en esa llamada y conocer más profundamente el carisma y modo de vida de la nueva "familia religiosa".
Postulantado en Madrid - España
Postulantado en La Ceja - Colombia
Noviciado
Después del postulantado, comienza el Noviciado, un tiempo de formación que se inicia con la celebración de la toma de Hábito y que dura dos años, pudiendo prorrogarse por seis meses más.
El noviciado es un tiempo que la Iglesia y la Congregación nos regala y en el que se nos invita a ahondar en la vida interior, despertar nuestro amor personal a Cristo y aprender a buscar a Dios en todo (Cfr. Const. 182)
En esta etapa comenzamos a asimilar pacientemente los mismos sentimientos del Hijo, a reaccionar ante la vida con su misma forma de sentir, con esa entrega, gratuidad y libertad con que decide dar su vida por los hombres.
Postulantado en Madrid - España
Postulantado en La Ceja - Colombia
Juniorado

Después del noviciado podemos solicitar ser admitidas a la profesión temporal, con el deseo de ser, por los votos de castidad, pobreza y obediencia, "una de las huellas concretas que la Trinidad deja en la historia, para que los hombres puedan descubrir el atractivo y la nostalgia de la belleza divina" (VC 20). Esta etapa en la formación puede durar entre 5 y 9 años.
El Juniorado es un tiempo para crecer en el amor a Dios y a los hombres, pidiendo cada día un conocimiento más íntimo de Jesús, para más amarle y seguirle; es un tiempo para responder a la invitación de Cristo y ser, con Él y como Él, canales de Misericordia y ternura de Dios.
Por eso, con la ayuda de nuestras hermanas, vamos aprendiendo a estar dispuestas a "consumirnos a agotarnos" por la causa de Jesús, desde la experiencia y vivencia de los Ejercicios Espirituales y el carisma de las Esclavas de Cristo Rey. (cfr. Plan General de Formación)
Juniorado en Murcia - España
Juniorado en Bogotá - Colombia
Formación Permanente
Al finalizar el juniorado podemos solicitar ser admitidas en la profesión perpetua, para dar nuestro sí definitivo al Señor.
Pero la formación no se termina… Durante toda nuestra vida seguimos pidiendo "ser puestas con Cristo", para continuar asimilando sus sentimientos y poder decir no sólo que somos de Cristo, sino que hemos "llegado a ser Cristo mismo". (cfr VC 109)
"A quien se le concede el don inestimable de seguir más de cerca al Señor Jesús, resulta obvio que Él puede y debe ser amado con corazón indiviso, que se puede entregar a Él toda la vida, y no sólo algunos gestos, momentos o ciertas actividades. El ungüento precioso derramado como puro acto de amor, más allá de cualquier consideración "utilitarista", es signo de una sobreabundancia de gratuidad, tal como se manifiesta en una vida gastada en amar y servir al Señor, para dedicarse a su persona y a su Cuerpo místico.
De esta vida "derramada" sin escatimar nada se difunde el aroma que llena toda la casa. La casa de Dios, la Iglesia, hoy como ayer, está adornada y embellecida por la presencia de la vida consagrada.

Lo que a los ojos de los hombres puede parecer un despilfarro, para la persona seducida en el secreto de su corazón por la belleza y la bondad del Señor es una respuesta obvia de amor, exultante de gratitud por haber sido admitida de manera totalmente particular al conocimiento del Hijo y a la participación en su misión divina en el mundo" (VC 104)
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