4. ESCUCHAMOS A QUIENES LO CONOCIERON.
Entre las personas que el P. Baztán cita en su libro, están: el Obispo Irurita, el P. Legaz, el E. Lacoume. Todos ellos se fijan en que el Fin de la Milicia de Jesús es el apostolado, de los Santos Ejercicios (Obispo Irurita). El ideal de los Ejercicios (P. Lacoume) .
Otros testimonios dan una visión amplia de él, como párroco y Fundador.
Mons. Anastasio. Obispo Vicario Cap. de, Toledo -1968-.
Con mucho gusto transmito el testimonio del Emmo. Sr. Cardenal Gomá, cuyo Secretario particular fui los cinco últimos años de su vida, acerca de D. Pedro Legaria.
En Mayo de 1938, el Emmo. Sr. Cardenal Gomá elevó un amplio escrito a la Secretaría de Estado de Su Santidad. Entre otras cosas se trataba de buscar solución para una determinada. Diócesis española, y el Sr. Cardenal proponía el nombramiento de Administrador Apostólico para dicha Diócesis. Entre los propuestos figuraban D. Pedro Legaria, y el Cardenal Gomá lo hacía en estos términos:
"Hay en la Diócesis de Tudela, Administración Apostólica de Tudela -del Obispo de Tarazona-, un sacerdote ejemplarísimo, verdadero modelo de párrocos, don Pedro Legaria, Cura Párroco de Murchante; sencillo, laboriosísimo, celoso extraordinariamente, un verdadero hombre de Dios. Tal vez se le podría utilizar temporalmente para restaurar la vida cristiana en la Diócesis... Tengo la seguridad, porque lo conozco de haber sido párroco en mi Diócesis durante años, de que sacaría la máxima eficacia en las actuales circunstancias. Si se le nombrara Administrador Apostólico, haría su labor con absoluta independencia de todos, y volvería a su parroquia terminada su misión, sin más premio que la satisfacción de un deber cumplido".
Mons. Jacinto Argaya. Obispo de San Sebastián -1968-.
Tuve la fortuna de tratar en Tudela y; Pamplona con el venerable párroco de Marchante, D. Pedro Legaria, Fundador de las Esclavas de Cristo Rey. Nuestro afecto era mutuo y muy sentido. Por lo que vi en él y por lo que los sacerdotes que le trataron decían con criterio unánime: 'D. Pedro era un hombre de Dios, un sacerdote según el .Corazón de Cristo: interior, cumplidor exacto de sus deberes, parco en el hablar, manso, sencillo y humildísimo.
Su persona rezumaba bondad y virtud sacerdotal. Convencido, D. Pedro, de que los Santos Ejercicios, según el método de S. Ignacio, son una providencial forja para la configuración de verdaderos cristianos, intensificó su práctica en su ejemplar parroquia de Murchante, y deseando generalizar y facilitar más su uso, fundó con este motivo primordial, el Instituto de Esclavas de Cristo Rey.
Aquellas sus primeras hijas espirituales, que, nos atendían con exquisita afabilidad, asimilaron perfectamente el espíritu de sencillez, de oración y de alegre entrega del venerado Padre'.
P. Rufo Mendizábal, S. J. -1957-.
Para mí D. Pedro fue siempre el sacerdote celoso de la Gloria de Dios a través de la Obra de Ejercicios; tenazmente orientado hacia ¡o sobrenatural. Humilde y confiado en Dios, emprendedor; sus alabanzas eran para otros, desde luego para Dios, y entre los instrumentos humanos, para la Compañía de Jesús y para sus monjas.(…)
Don Nicasio Martínez -1947-.
Es un hombre todo de Jesucristo, con una -que creo es difícil- naturalidad aparente, o sea, humanidad de santo. El empeño y tesón de sus trabajos son' todos para nuestro Señor Jesucristo, su Corazón, su Realeza, la Eucaristía y los Santos Ejercicios de S. Ignacio de Loyola que tan anchamente conducen a ese Corazón y a esa Rea1eza.
Una Persona de Murchante (no da su nombre).
Mi juicio sobre nuestro inolvidable párroco D. Pedro Legaria, no encuentro las palabras que puedan expresar lo que siento sobre este santo sacerdote que siempre en pie, le he visto luchar y trabajar por gloria de Dios y bien de las almas.
Como Fundador de las Religiosas Esclavas de Cristo Rey, siempre pensé que algo extraordinario haría, ¿y qué mejor que esta fundación donde tantas almas había de salvar? Casas de Santos Ejercicios, su sueño dorado; con el muchísimo trabajo que tenía, siempre que él creía necesario Ejercicios tanto para mayores como para jóvenes, nos los daba él, sin otra utilidad que la gloria de Dios. ¡Qué meditaciones! (…) |