
EL LEMA DE LA CONGREGACIÓN
"Consumirme y agotarme en todo mi ser físico, intelectual y moral por la gloria de Dios y la salvación de las almas".
Una genialidad del Espíritu Santo es la de comunicar a los santos y
fundadores, con pocas palabras, aquel aspecto esencial del misterio
cristiano que les confía revivir como carisma especial. El "Solo Dios"
del Beato Rafael, el "Tengo Sed" de Madre Teresa o el "Ad Majorem Dei
Gloriam" ignaciano ¡cuánta densidad teológica esconden! Para nosotras,
así sucede con esta frase, lema sacerdotal de D. Pedro Legaria
Armendáriz y de la Congregación por él fundada: las Esclavas de Cristo
Rey.
D. Pedro se sabía tan dentro del Sagrado Corazón de Jesús (como solía
firmar) que su vida sólo podía ser un consumirse, un dejarse entregar
en la totalidad de su ser para la gloria de Dios, es decir, para la
vida de los hombres. ¿Y qué constituye la Vida de los hombres? Ver a
Dios, conocerle personalmente por medio de su Hijo y por el trato con
Él, ir participando de la misma vida divina. Y que mejor medio que los
Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, como pedagogía por la
que hacer regresar a la persona a la convivencia con el Verbo y a la
contemplación de Dios. Bien sabía D. Pedro que era una forma concreta
de encarnar la más fresca tradición eclesial: "La gloria de Dios es la
vida del hombre y la vida del hombre es la visión de Dios" (S. Ireneo,
A.H, IV 20,7).
Este
fue el camino que enseñó a sus hijas como vida y como misión para
vivificar la vida de los hombres y mujeres: el diálogo continuo, la
presencia amorosa constante, fruto de los Ejercicios ignacianos, para
dejarse llevar, para que olvidadas de sí las manos de Dios pudieran
obrar: "Si os dejarais hacer... " Y así ir penetrando en la comunión divina.
Queremos agradecer a Dios, por nuestro fundador Pedro del Sagrado
Corazón, por su vida, por la Congregación de las Esclavas de Cristo Rey
y por el don de este carisma para la Iglesia. Pidamos la intercesión
del Venerable Siervo de Dios Pedro Legaria para que sus hijas, fieles a
él, sigamos sirviendo la deseada Salud a todas las personas y un día
todos seamos revestidos de Su Gloria. A.M.D.G.
NUESTRA INSIGNIA
Los tres rasgos del amor de Cristo por nosotros: Contigo y como Tú.
"Tu nacimiento, la Eucaristía y tu
muerte en Cruz son los grandes pregoneros de tu amor, ellos tres son
las pruebas más culminantes de tu fidelidad, son: todos nuestros
tesoros".
Para Pedro del Sagrado Corazón el amor de Cristo por la humanidad, se
manifestaba en su Nacimiento, Eucaristía y Muerte en Cruz: en el
nacimiento -asumiendo nuestra condición humana, haciéndose uno de
nosotros-, en su Muerte en Cruz -aceptando el sufrimiento,
haciéndose pecado- y en la Sagrada Eucaristía -abajándose hasta el
extremo, en el olvido de sí, para permanecer con nosotros-.
Estos eran tres rasgos, que sus hijas -las Esclavas de Cristo Rey-
debían imitar. Por eso, quiso que estuvieran plasmados en su insignia.
Ésta es entregada a las hermanas en su Profesión Temporal para que
colgada sobre el pecho "avive, aumenta y mantenga nuestra respuesta de
amor a Dios" (Ritual). Podéis verla al final de cada página de nuestra
web: esto es lo que llevamos continuamente sobre nuestro corazón.
En
ella están expresados estos tres misterios: en la parte inferior está
Jesús como niño recién nacido (nacimiento), de cuya encarnación apunta
ya la entrega total en la Cruz -representada en la parte central-, y
cuyo memorial es la Eucaristía -que aparece como Sagrada Forma con
rayos en el centro de la cruz-. A los pies del Niño hay una flor de
azucena a cada lado, símbolo de la pureza, de la virginidad consagrada
de las Esclavas de Cristo Rey, cuyo nombre en latín -Ancillae Christi
Regis- rodea el óvalo con los tres símbolos. Por último la medalla
tiene en su base, las iniciales AMDG -Ad Maiorem Deum Gloriae-, que
expresa que todo es para la mayor gloria de Aquel cuya corona ciñe la
insignia y los corazones de las que son sus Esclavas. |