PEDRO DEL SAGRADO CORAZÓN
Deseamos presentaros a nuestro fundador con el sobrenombre con el
que él mismo firmaba: Pedro del Sagrado Corazón. De esta forma queremos
que lo conozcáis desde el motor que explica su santidad de vida y la
fundación de nuestra Congregación: una Obra "toda del Corazón Divino"
-él repetía-, porque aquella idea había sido iniciativa de Él: llevar
al conocimiento de su Amor a todas las personas de todas las clases
sociales, mediante la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San
Ignacio de Loyola.
Infancia y Juventud
D. Pedro Legaria Armendáriz, nació el 2 de junio de 1878 en el seno de
una familia humilde en Tudela, ciudad presidida por el Corazón de Jesús
y por el Inmaculado Corazón de María. Ellos fueron sus amores desde su
tierna infancia, ya que desde los 6 años vivió bajo su protección y
cuidado, al ser llevado al Hospitalillo de Huérfanos -a cargo de
sacerdotes diocesanos- por quedarse repentinamente huérfano de padre, y
su madre, mujer de gran piedad, tener otros 3 hijos, pequeños, a los
que atender. De ingenio vivo, muy piadoso y trabajador, se percibe en
él la semilla de una vocación sacerdotal, por lo que a los 11 años
ingresa en el Seminario Menor de Tudela. Después, pasa al Seminario
Mayor con una fuerte experiencia de la paternidad divina: "Soy
todo de mi Dios,... soy nada sin Él como rayo de luz separado del sol"
y de su vocación: "Si naciera treinta veces, otras tantas sería
sacerdote."
Para
D. Pedro, era tal el cuidado del Corazón de Jesús hacia su persona y
toda la humanidad, que deseaba vivir sólo para El. La consagración del
mundo entero al Sagrado Corazón por el Papa León XIII en 1899, fue para
él una confirmación de estos anhelos que llenaban su interior y así en
los Ejercicios de ese año escribe: "¡Oh,
Jesús! ¡Oh amante de mi alma! Tú formas el centro de mis
aspiraciones, la esperanza de mi vida, la vida de mi esperanza, el
consuelo de mis tristezas. Y si peco, ¿estaré sin ti una eternidad?...
Cuando miro tu Corazón, que es el embeleso del mío, me arrebatas;
cuando beso tu costado y bebo tu sangre, me muero de amor y mi cabeza
cae sobre tu corona. Y si peco, ¿no te besaré en el Cielo? Cuando te
tomo en mis manos, te digo encantado: ¡Ven, Pequeñín! Y apenas te he
tocado, me quema tu fuego. Y si peco, ¿no te abrazaré en el Cielo?"
Es tal el fuego que en 1901, recién ordenado subdiácono, hace un pacto con el Sagrado Corazón ofreciéndole su vida: "Yo
tan débil, me consagro al Corazón de Jesús y quiero consumir todas mis
fuerzas en su amor. No me abandones, Jesús mío, Alimento mío, Amor mío,
Esencia mía".
Sacerdote y Apóstol
Se ordena sacerdote en 1902 y en sus Ejercicios Espirituales sigue renovando el pacto: "¡Oh,
Jesús! Sé el esposo de mi alma, el alma de mi vida, la vida de mi alma.
Jesús mío, enséñame a ser lo que debo ser para ser todo tuyo y poder
ganarte almas." Y añade: "Al Corazón de Jesús, le prometí ser sacerdote
y apóstol."
Primero es formador y profesor en el Seminario de Tudela y pronto es
enviado a un pueblecito cercano, Murchante, donde estará 36 años de
párroco:
"El día 24 de marzo de 1906 será
para mi alma de recuerdos imborrables. Solo, pero con el corazón
henchido de gozo, salí camino de Murchante. Forjaba planes por el
camino, anhelaba con todo mi corazón trabajar mucho, mucho, mucho por
llevar las almas al Corazón de Jesús, a la Sagrada Eucaristía, a la
Inmaculada. Estas eran mis ilusiones más queridas. Gocé mucho en este
camino, solito con mi Dios. ¡Cuánto quiero quererlo!"
Aquellos anhelos ardientes -"inculcar
por todos los medios el amor al Sagrado Corazón, mi consuelo y mi amor;
quisiera introduciros en lo más profundo de su Divino Corazón..."-, se fueron haciendo vida: "Todos
los viernes celebraré en el pueblo en el altar del Sagrado Corazón, los
sábados en el de la Purísima y los 19 de cada mes, en el de San José;
los domingos el pacto con el Corazón de Jesús. Amor intenso, profundo y
confianza en su Corazón..." Las catequesis, la Comunión diaria y
la Comunión temprana, las horas de Reparación del primer Viernes de
Mes, la exposición del Santísimo todos los Primeros Viernes de mes
desde la Misa Mayor hasta la noche, 70 Coros del Apostolado de la
Oración, y 150 Marías que visitaban diariamente a Jesús Sacramentado,
los Ejercicios Parroquiales a niños, jóvenes, hombres y mujeres,... son
el testimonio de la sed que el Corazón de Cristo había impreso en su
corazón: "¡Almas, Señor, almas! Cada alma es una gota de la sangre de Cristo que me dice ¡sálvala!"
El
Reinado de Cristo se iba extendiendo de la mano de aquel apóstol. Eran
muchos los que se acercaban a la Eucaristía diaria, y más los domingos
y en las fiestas, especialmente en la fiesta del Sagrado Corazón. En la
visita a Roma al papa Pío XII en 1952 D. Pedro le dijo: "Murchante
es un pueblo eminentemente y prácticamente católico; de él han salido
muchas vocaciones: religiosas, religiosos y sacerdotes." Y todos marcados con un mismo sello: "Que
la presencia del Señor en el amorosísimo Corazón de Jesús, presida toda
vuestra vida, todos vuestros actos, mejorándolos, perfeccionándolos,
espiritualizándolos."
La forja de los Ejercicios Espirituales y la Obra
¿Y dónde el Corazón de Cristo le había abrasado a D. Pedro en tal
ardiente fuego? En el horno de los Ejercicios Espirituales de San
Ignacio de Loyola. Los había hecho desde su temprana juventud y siempre
se había dirigido por Padres de la Compañía. En la parroquia desde el
principio, empezó a dar los Ejercicios abiertos a toda clase de
personas y de muy distintas modalidades. Pronto se dio cuenta de que
"mis mejores feligreses, mis colaboradores más celosos y constantes,
eran los que conmigo, en el pueblo o en una casa mal acomodada en
Cintruénigo, habían hecho los Santos Ejercicios, una idea surgía en mí
y se repetía con vehemencia: ¿No
podría extenderse más este medio de regeneración cristiana y social?
¿No podrían llegar a todas las clases sociales? ¿No sería factible una
Congregación religiosa estable y permanente dedicada a este fin? Fue
una idea que el Señor puso en mi mente. Se podría dar mucha gloria a
Dios y salvar muchas almas."
Pero... "¿De
dónde sacar tiempo para dedicarme a una Obra que exige tanto? Yo, un
pobre cura de pueblo, sin conocimiento de esta clase de obras, sin
experiencia en estos asuntos, sin conocimientos de la Vida Religiosa,
sin ascendiente social, sin medios económicos, sin tiempo material
porque me doy todo a mi parroquia y me absorbe plenamente." "Jamás me
hubiera atrevido a pensar en una Obra de esta naturaleza confiando en
mí, si no hubiera visto clara y terminantemente que era Voluntad de
Dios. Estad, pues, seguras y convencidas de que esta Obra es toda del
CORAZÓN DE JESÚS."
"Dios Nuestro Señor, además ha
puesto de por medio un alma que, aunque no es la que ha iniciado la
idea de la Congregación, se ha servido el Señor de ella, para como
aprobarla(...), varias veces me ha ocurrido que María de la Cruz, mejor
dicho, el Señor ha leído mi corazón y mis pensamientos y, lo que a
nadie había revelado, me respondía ella en nombre de Dios. "Padre el
Señor me ha dicho: "Dile al Padre que no tenga duda en las cosas de la
Obra ni en lo que toca a vosotras. Que cuando tiene que resolver alguna
cosa, como lo quiero tanto, le inspiro lo que va a decir". "Las
promesas del Corazón de Jesús se repetían y siempre cuando mi ánimo
desfallecía, ante las dificultades para mí humanamente hablando
insuperables... "Padre el Señor me ha dicho: "Amándome él a Mí y
amándole Yo a él, ¿por qué ha de temer? Que no se apure el Padre: lo
amo con todo mi Corazón, no lo dejaré." "Que no tema el Padre que yo le
ayudaré... Ya veo su buena voluntad, que sólo quiere ayudarme."
"Otra confirmación clara de que
Dios quería la Obra es la promulgación de la Encíclica Mens Nostra, que
como palabra de mayor Autoridad Suprema de la Santa Iglesia, robustecía
fuertemente el movimiento de los Ejercicios."
El nacimiento de las Esclavas de Cristo Rey
El 15 de junio de 1928 D. Pedro ve realizada esta Obra toda del Divino
Corazón con el inicio de la vida en común de las tres primeras hermanas
en la Casa de Ejercicios de Tudela: "¡Que el Sagrado Corazón sea el
primero en entrar!" Y fue Jesús el primero en cruzar el umbral bendito
de aquella Betania, para esperar a todos los que vendrían después
buscando su amor, su gracia... Pronto la Obra se fue extendiendo y se
fueron abriendo más casas; primero en España, después Venezuela,
Colombia, Argentina, Congo, Francia, Italia,... El 3 de mayo de 1941
quedaba aprobada como Congregación de Derecho Diocesano.
Con el crecimiento de la Obra se le concede a D. Pedro en 1942 dejar la parroquia para dedicarse de lleno a formar a sus hijas: "Tenéis
que ser un corazón en el Corazón de Cristo". "Arda en vuestras almas la
sed de aquel Corazón Divino, que le consumía en las entrañas, porque
nos amaba ardientemente y esa sed sea en nosotros un anhelo constante
de salvarle almas, de padecer por Él, diciendo con fervor: tengo sed de
almas, sed de tu reinado, venga a nosotros tu reino." "¡Qué dicha más
grande si pasáramos nuestra vida toda, recostada nuestra cabeza, unido
nuestro pobrecito corazón al Corazón de Cristo!"
Y para vivir en esta unión constantemente, una sencilla oración:
"Corazón Eucarístico de mi amoroso
Salvador, os adoro agradecido, desde lo más profundo de mi corazón.
Ayudadme, ¡Jesús mío!, para que en esta hora no pierda la presencia de
mi Dios, en vuestro Corazón santo; y dadme vuestra gracia para que me
consuma y agote, durante ella, en todo mi ser, físico, intelectual,
moral, sacerdotal, parroquial y de la Obra, por vuestro amor, por
vuestra gloria, por vuestro reinado, por la salvación de las almas, por
el reclutamiento de ejercitantes." "Es mi deseo propagar esta práctica
y que la propaguen las Esclavas de Cristo Rey entre los religiosos,
religiosas, sacerdotes y cristianos fervorosos."
En los últimos años de su vida D. Pedro pudo contemplar emocionado la
fidelidad del aquel Corazón Divino del que tanto se había fiado y al
que tanto había amado: primero, por el estímulo recibido en la
audiencia privada con el Santo Padre Pío XII durante su viaje a Roma en
1952; por los frutos de santidad de los que había podido ser testigo,
al visitar en su regreso por el Pilar, a otra santa, fundadora, con la
que había mantenido una cordial relación en vida: Sta. Genoveva Torres;
por la concesión de emitir los votos de la Compañía de Jesús en la hora
de la muerte. Ya todo se iba cumpliendo... y aquella lámpara consumida
para alumbrar el fuego divino, se iba apagando... hasta que por fin
descansó en el Divino Corazón el 30 de septiembre de 1956.
La
Iglesia lo declaró Venerable el 20 de diciembre del 2002, y su proceso
de beatificación está siendo estudiado actualmente en Roma. Ahora a los
50 años de su nacimiento para el Cielo, su testimonio sigue
invitándonos con gran fuerza a llevar a toda la humanidad a este
Corazón Divino, y por eso quisiéramos terminar, pidiendo a nuestro
querido Padre Pedro, ahora ya tan cerca del Sagrado Corazón, que siga
intercediendo porque se extienda su Reinado de Amor sobre nuestro mundo
y que os alcance, especialmente a todos los que leáis su vida : a
"enamoraros del Sagrado Corazón de Jesús, vivir en su amorosa
presencia" y obtener todas aquellas gracias que podáis necesitar. A. M.
D. G. |